A partir de la invitación a participar en un encuentro de salud emocional para migrantes en Múnich, la autora recorre su vínculo con Valentina Backhaus Sánchez (Val) y con Mi Guía Hispania, una comunidad que durante diez años ha acompañado procesos de integración, crecimiento y reinvención personal lejos del país de origen.
Cuando Val me invitó a participar en un evento de salud emocional para personas migrantes en Múnich en 2018, no imaginaba que años después estaría escribiendo estas líneas para celebrar el décimo aniversario de Mi Guía Hispania.

Recuerdo ese viaje en coche desde Stuttgart y la emoción de dar una de mis primeras charlas en español. Aunque ya llevaba tiempo formándome y trabajando como coach, todavía estaba construyendo mi camino. Me sentía ilusionada, agradecida y muy consciente de todo lo que aún tenía por aprender.
La charla se llamaba Comunicación para el cambio. Y me hace sonreír pensar que, tantos años después, sigo hablando de cambio… aunque hoy lo entiendo de una forma mucho más profunda.
En aquel momento hablaba de pasar de la reacción a la creación: de no quedarnos atrapados en las dificultades, sino de empezar a construir activamente lo que queremos. Era un mensaje que nacía de mi propia experiencia como migrante. Y, con el paso de los años, se ha convertido en una convicción aún más arraigada.
Aquella tarde también fue especial por las conexiones que fueron surgiendo entre los participantes. Conversaciones, miradas compartidas, comunidad. Con algunas de esas personas sigo conectada hoy, y ver sus caminos me recuerda cuánto hemos crecido, cambiado y reinventado.
Al volver a casa después del evento, venía cantando y pensando que aquello era solo el comienzo de algo más grande. Y, de alguna manera, lo fue. No porque todo saliera como imaginaba, sino porque el camino me llevó a lugares que ni siquiera sabía que existían.
En estos años he acompañado a cientos de personas viviendo lejos de su país. Personas que, en algún momento, se han enfrentado a la misma pregunta ¿Y ahora qué sigue para mí?. A la que le suceden muchas otras incógnitas acerca de la búsqueda de trabajo en otro idioma, la reinvención profesional, la pérdida de confianza, la sensación de haber cambiado sin saber cómo encajar.
A través de todas ellas confirmé algo esencial: la transición no ocurre una sola vez. La vida nos invita constantemente a observarnos, redefinirnos y construir nuevas versiones de nosotros mismos.
Hoy, yo también estoy en ese proceso. Y quizá por eso hay algo que tengo más claro que nunca: no se trata de tener todas las respuestas, sino de no perderte a tí mismo mientras las buscas.
Porque sí, es posible reinventarse. Es posible construir una carrera significativa en otro país. Es posible recuperar la confianza y crear nuevas oportunidades. Pero no empieza haciendo más, sino volviendo a ti: reconociendo quién eres hoy e integrando todo lo que ya traes contigo.
Si hoy actualizara aquella charla, añadiría esto: ocupar tu lugar no requiere certezas absolutas, sino la valentía de reconocerte incluso en medio de la incertidumbre.
Gracias, Val, por haber confiado en mí entonces y por seguir creando espacios que conectan, acompañan e inspiran. Ha sido un privilegio formar parte de esta historia y celebrar contigo este recorrido. Admiro profundamente tu capacidad para evolucionar, reinventarte y seguir creando valor para una comunidad que necesita referentes, información, conexión e inspiración.
Si algo he aprendido en este camino es esto: el mayor riesgo no es equivocarnos, sino abandonarnos a nosotros mismos. Porque cuando dejamos de ver nuestro valor, empezamos a vivir con menos de lo que realmente somos. Pero cuando nos reconocemos y nos damos permiso de crecer, aparecen posibilidades que antes parecían impensables.
Quizá de eso se trata toda transición: no de convertirnos en alguien distinto, sino de recordar quiénes somos y atrevernos a vivirlo con mayor plenitud.
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